SUMISIÓN Y REBELDÍA EN LAS OBRAS DE LA ESCRITORA JORDANA SAMIHAH KHREIS: JISHJASH COMO EJEMPLO

RESUMEN

En este artículo estudiamos la sumisión y la rebeldía latentes en la obra de la escritora jordana Samihah Khreis. Tomando para ello su obra: Jishjash (Amapola), como un ejemplo representativo de la novela femenina jordana. Analizaremos las escenas de la novela donde la escritora presenta esta duplicidad en la que se reflejan las mujeres árabes actuales y cómo emplea esta doble imagen para expresar las preocupaciones femeninas y los obstáculos que impiden a las mujeres conseguir su libertad.

Palabras claves: Samihah Khres, Jishjash, sumisión, rebeldía.

ABSTRACT

In this paper we study the submission and rebellion in the work of the Jordanian writer Samihah Khreis Jishjash (poppy) as a representative example of the Jordanian female novel. We will analyze the scenes of the novel where the author presents this duplicity of the submissive- rebel woman. And how Samihah Khreis use this duplicity to express women’s concerns and obstacles that prevent women from achieving her freedom.

Keywords: Samihah Khreis, Jishjash, submission, rebellion.

  1. LA NOVELA FEMENINA EN JORDANIA.

 

La novela femenina es muy reciente en Jordania si la comparamos con otros países árabes como Egipto, donde el género empieza, según un amplio consenso, con la novela Zainab, de Muhammad Hussein Haikal, publicada en 1913, considerada por muchos críticos la primera novela que habla de las mujeres en la sociedad árabe en general, y la egipcia en particular. Haykal la había concebido inicialmente como un cuento, pero que al final se convirtió en una larga novela en tres partes. La historia trata de una hermosa joven campesina, llamada Zainab, y de los tres hombres que luchan por su amor: Hamid, el hijo mayor del dueño de la plantación; Ibrahim, el joven capataz de quien se enamora; y Hassan, un campesino acomodado, con quien contraerá un matrimonio concertado. La novela es un importante punto de partida, que inaugura la novela egipcia moderna, escrita en árabe moderno con personajes locales y una óptica liberal político-social.

Parece claro que la imagen que podemos encontrar de la mujer es una imagen descrita y elaborada por un hombre. Sin llegar a decir que no es una imagen objetiva, se trata de todos modos de una imagen que adopta un punto de vista masculino, donde se verán reflejadas sus costumbres y creencias, educación y formación.

Por otra parte, algunos escritores ofrecen una imagen muy negativa de las mujeres, como ocurre en las novelas de Naguib Mahfuz (El Cairo, 1911-2006), el primer novelista árabe ganador del Nobel de literatura en 1988. A este propósito, según afirma Mohammad Al-Qudah:

El papel que tienen las mujeres en las novelas de Mahfuz es muy marginal, muy lejos de lo humano y no representa a las mujeres como debe. Encontramos en esta figura femenina una imagen muy negativa que pinta Mahfuz de las mujeres […] No sabemos por qué Mahfuz se centra en el lado negativo de las mujeres en una sociedad tan grande como la sociedad egipcia, donde las mujeres son muy cultas y gozan de un alto nivel de educación dentro de la sociedad árabe (Qudah, 2010: 44-45).

En sus novelas realistas, que analizan la vida cotidiana de personajes anónimos, la mujer y la ciudad ocupan gran parte de sus páginas. Los personajes femeninos están siempre en función de los masculinos, para quienes el amor se encuentra disociado del matrimonio, lo que implica la frecuentación de diferentes mujeres, cuyas imágenes se encuentran muy estereotipadas: modelos de virtud o de perdición. A propósito de la trilogía Trilogía de El Cairo, que comprende los títulos Entre dos Palacios, Palacio del deseo y La Azucarera, publicados entre 1956 y 1957, como señala Mercedes del Amo, “la mujer que se retrata en estas novelas sólo tiene dos caminos, el de la virtud (madres, esposas o hermanas), o su contrario (prostitutas, bailarinas o cantaoras). En el último volumen de la trilogía aparecerán algunas mujeres que acceden a la universidad, pero que son una minoría (Del Amo 1995: 57).

El consenso general en torno a la idea de que los inicios del género novela con protagonistas femeninas fue iniciado por escritores de género masculino, se desplomó con investigaciones posteriores como la de la investigadora Buthayna, Shabaan (1999), que demuestra que existen catorce novelas cronológicamente anteriores a Zainab, entre las que figura»Qalb al-rajul”, de 1904 (el corazón del hombre), de Labiba Hashem, Badi’a wa Fouad, de 1906, de Afifa Karam (1883-1924) publica en 1906, «Hasna ‘Salunik», de 1909, de Labiba Sawayya. Estas dos últimas aparecieron por entregas en el periódico Al-Huda, con sede en Nueva York, una publicación árabe-americana. Ambas novelas precedieron a «Zeinab» y tienen tanto mérito literario y artístico como esa «primera» novela, y, además, ambas fueron escritas por mujeres. Según Shabaan cualquier análisis que pase por alto estas obras pioneras es distorsionador e incompleto, no sólo por marginar las contribuciones de las mujeres y poner en duda sus valores literarios, sino también por distorsionar la verdad (Shabaan 1999: 35).

La novela como género literario apareció en Jordania en los años sesenta del siglo pasado. En el año 1968, se publica Anta Munthu Alyoum (Tú desde hoy) de Taiser Sboul. Pero en los comienzos la mujer no tenía el mismo protagonismo que el hombre, porque la mayoría de la producción novelística se centraba en temas sobre las condiciones sociales y políticas que dominaban la sociedad jordana. Especialmente, la situación que vivía el país en aquellos años, con la ocupación israelí en Palestina y su reflejo sobre la sociedad jordana. Tras la novela de Sboul, pasarán años sin encontrar novelas jordanas escritas por mujeres o que traten sobre la mujer y los aspectos de su vida como eje de la obra.

Antecedentes de la novela jordana escrita por mujeres se encuentran en otros países árabes vecinos: Nawal Al-Sa´dawi, LailaOthman, Laila Balabki, Salwa Baker, Amal Mukhtar y Ahlam Mustaghnmi (Abu Nazih 2004: 88). La primera novela compuesta por una escritora jordana apareció en 1976, cuando se publicó Salwa, de Julia Sawalha. En el año 1979, la escritora publicó dos novelas Al Nashmi (El valiente) y halTargeen? (¿Volverás?) (Al-Salih 2005: 14-23). En opinión de Omnia Amín, existen dos generaciones de escritoras en la literatura jordana contemporánea. La primera que comprende Julia Sawalha, Leila El atrash y Samihah Khreis, que publican en la década de los años setenta y ochenta, la segunda, a partir de los noventa compuesta por autoras como Samia Atout y Jawaher Rafaiaa (Amín 2014: 18), cuando asistimos a la madurez en la novela jordana escrita por mujeres, contando con más de cien novelas, que tratan cuestiones relacionadas con la condición femenina en la sociedad jordana, como la educación, el matrimonio y los derechos de la mujer en general. Se podría decir que la novela femenina jordana ha derivado de los temas sociales a los de trama psicológica, teniendo su propia estructura libre y un lenguaje personalizado.

 

  1. SAMIHAH KHREIS.

 

Samihah Khreis, escritora y periodista jordana, nació en Amman el 6 de agosto de 1956, empezó sus estudios de primaria en Qatar, donde trabajaba su padre. Se trasladó con su familia a Sudán donde terminó sus estudios de secundaria. Se licenció en Humanidades en la Universidad de El Cairo, en 1978. Trabajó como periodista en varios periódicos en Jordania, Omán y los Emiratos Árabes Unidos. También escribió para periódicos árabes en El Cairo, Beirut, y periódicos extranjeros en Londres. Fue la directora de la asociación de mujeres jordanas durante dos años en Abu Dhabi. Es miembro de la Unión de Escritoras Árabes y de la Asociación de Escritoras Jordanas. Sus obras se han llevado a la pantalla en formato de telenovelas y películas en la televisión jordana. Otras obras suyas se han convertido en guiones para obras de teatro.

Ha publicado tres colecciones de cuentos: MaʼAlʼrḍ (Con la tierra) de 1978, en Sudán, ʼOrkstra (Orquesta) de 1996 en Jordania, y Dwmynw (Dominó) en 2009, en Jordania. En cuanto a las novelas, ha publicado once hasta el momento: Riḥlaty (Mi viaje), Almad (La marea), Shaŷarit Al fwhwd (El árbol de las panteras), Al-Qurmyh (Raíces), JišJaš (Amapola) – la novela que hemos elegido para este artculo -, Alṣaḥin (El plato), Dfatr Alṭwfan (Cuadernos del diluvio), ʼMbraṭwryt Warq (Imperio de papel), Nḥnu (Nosotros), Alraqṣ     maʿa Alshyṭan (Bailar con el diablo), Yaḥya (Juan). La mayoría de sus obras se han traducido al inglés, al alemán y Los cuadernos del diluvio, se ha traducido al español. (Khreis 2005, 12)

Samhihah Khreis es considerada una de las escritoras jordanas más destacadas por su estilo y su atrevimiento. También se considera la primera escritora jordana que escribe sobre la realidad que vive la mujer en su país, describiendo su sufrimiento y su deseo de liberación, huyendo de exageraciones y estereotipos (Alsalih2005: 13).

 

  1. JISHJASH (AMAPOLA).

La protagonista es una mujer jordana que está casada y tiene hijos, encerrada en su casa en Abu Dhabi -donde trabaja su marido-. El ambiente de su casa es cerrado, donde lleva una vida rutinaria con costumbres inveteradas. La novela empieza cuando la protagonista lleva a sus hijos a la escuela, y en el camino de vuelta para frente a una floristería, entra y elige dos plantas de adorno para su apartamento. Las compra para dar algo de vida a su entorno, color y alegría. Cuando lleva las plantas a su coche y está a punto de marcharse, un hombre sale de la tienda y le regala una flor, es una amapola. Llega a su casa y coloca las plantas, pero la amapola la lleva a la terraza.

El punto de partida de la trama se produce cuando nuestra protagonista abre la ventana un día para regar la flor y encuentra algo parecido a un capullo de mariposa que empieza a crecer hasta convertirse en algo similar a un embrión. Un día lo ve muy claro, es un pez que vive dentro de la flor, que luego se convierte en una ninfa que empieza a aparecerse por el apartamento cuando su familia no está en casa o cuando están dormidos. La protagonista tiene como afición escribir cuentos y ensayos. Pero unos días antes de la aparición de la ninfa, decide escribir una novela.

Cada noche toma su bolígrafo para escribir y en aquel momento la ninfa aparece cuando intenta empezar la narración. Trata de hablar con ella sin conseguir empezar su trabajo, y al final decide escribir sobre la vida de la ninfa, con lo que le pide que le cuente algo de su vida para convertirlo en novela. La ninfa empieza a dialogar con la protagonista, del amor, la libertad y la necesidad de vivir la vida sin preocuparse de las restricciones de la sociedad. Este diálogo entre ambas conduce al desenlace de la novela, cuando la protagonista decide que ya no quiere volver a verla, pues la considera como una gota de tinta o una ilusión que ella imagina nada más. Abandona su idea de escribir la novela y así se deshace de la ninfa, que no puede aparecer sin que la protagonista coja su bolígrafo y le haga salir de la tinta. Pasan las noches y la protagonista escucha a la ninfa encerrada en su bolígrafo suplicándole con una voz sumisa que la saque, pero la protagonista ignora sus llantos y ruegos hasta que su voz una noche desaparece. La protagonista decide deshacerse de la amapola y del capullo del que salió la ninfa. Se dirige a su terraza y coge la amapola, que se había secado por falta de cuidado y la lleva a una zona desértica, abandonándola. Al final de la novela, nuestra protagonista vuelve a su vida normal llena de tareas domésticas rutinarias.

 

 

 

  1. SUMISIÓN Y REBELDÍA EN JISHJASH.

La literatura femenina árabe rebela la necesidad de la mujer de conseguir su libertad y la igualdad de condiciones con respecto al hombre en todos los ámbitos sociales, que no coincide con la imagen forjada en la mente masculina, que reduce esas aspiraciones a un deseo sexual, que conduce a la infidelidad o adulterio. Las mujeres reclaman lo que cualquier miembro de la sociedad árabe masculina disfruta como privilegio: un trabajo remunerado, la defensa de sus derechos sin tener en cuenta su sexo o condición civil, la oportunidad poder escoger y no tener que estar obligadas a un único papel de ser madres y esposas sumisas.

En Jordania nuestra escritora, como Al-Sa´dawi, fue la primera que defendió los derechos de la mujer jordana con su literatura. En esta novela elegida para su estudio encontramos diferentes imágenes de mujer, y existe un enfoque especial sobre la sumisión y rebeldía, en la ambivalencia de lo público y lo privado, la realidad y el deseo, la fantasía y la realidad, puesto que la sumisión es una imposición social externa y, al mismo tiempo, una forma de adhesión interna. Como afirma Lagos-Pope: «La sumisión de la mujer y la rebeldía de la misma son debidas a la inferioridad de la mujer en la sociedad que ha contribuido a perpetuar no solo la visión que tiene el hombre de ella, sino la percepción que ésta tiene de sí misma» (Lagos-Pope 1995: 732-733).

La sumisión que se percibe en la novela es un reflejo de la sumisión a la que las mujeres árabes están obligadas, puesto que se encuentran sometidas a la voluntad de su marido, que es quien detenta el poder en la relación. Es una sociedad anclada en las costumbres y la tradición, y todo lo que sea no cumplir con lo establecido, se traduce en rebeldía. La escritora al escenificar esa sumisión, está contribuyendo a su visibilización y concienciación. Como sostiene Lagos-Lope: «El hecho mismo de representar la problemática de la mujer en la literatura constituye un acto de rebeldía, pues a través de ella se pone en evidencia la represión que ha padecido la mujer en el sociedad» (Ibíd.: 18).

La vida de las mujeres es presentada como una línea planificada por el hombre, de la cual no deben desviarse, si no quieren incurrir en el castigo. El clima de claustrofobia se hace latente en la imposibilidad de tomar decisiones propias, en la aceptación de la propia condición, en la incapacidad de pensarse desde otros parámetros:

Miles de mujeres paran de repente en este momento, en una tarde como esta, en una calle amplia (….) una calle dibujada por un arquitecto sobre una hoja (…) por un momento el punto de inflexión aparece como un cruce de caminos o un giro brusco, el coche que conduzco no es consciente de lo que está pasando en mi interior. (…) y mi alma resbala como siempre en este aburrido pasaje de la vida larga, pavimentada y recta (Khreis 2000: 6).

En nuestra novela encontramos muchas escenas donde se manifiesta la sumisión de la protagonista a su marido, ante el que siente debilidad, inseguridad y temor:»Una sesión con el marido para discutir la situación económica. Después me retiro porque es el patrón y gobernante de la casa» (Khreis 2000: 14). La protagonista ni siquiera tiene derecho a discutir, su misión es solamente la ejecución de los órdenes del marido y la obediencia ciega. El marido es el tirano gobernador de la casa y el «superyó» que reprime a su mujer.

La escritora quiere llamar la atención sobre una de las cuestiones que preocupan, sobre todo, a las mujeres en el mundo islámico: la poligamia, privilegio exclusivo de los hombres. En ese contexto, todas las mujeres de un mismo hombre comparten la misma esclavitud: «Necesito una secretaria, una sirvienta o aún otra esposa para mi marido, necesito varias mujeres para compartir mis tareas con ellas» (Khreis 2000: 14).

La poligamia puede justificarse solamente en el contexto de relaciones desiguales, relaciones de dependencia, donde las mujeres se colocan en una posición subalterna. Para defenderla, es necesario partir de la idea de la negación a las mujeres de su condición de sujetos a la par que los hombres y convertirlas en objetos, negarles su condición de seres humanos iguales para reducirlos a una condición de inferiores y, por lo tanto, en una óptica jerárquica, afirmar que son personas que deben existir, no en función de si mismas, sino en función de las necesidades de los hombres, como sostiene Esther Vilar en su El varón polígamo, que justifica la poligamia en el hombre, con el argumento de que las mujeres “no son seres completos”, y que por lo tanto los hombres requieren de varias mujeres para poder encontrar el complemento adecuado a cada situación (Vilar 1975: 10-183). Una Apología de la desigualdad, absolutamente arbitraria, donde los hombres son sujetos y las mujeres “complementos”, subsidiarias, instrumentales, y donde solo importan los deseos masculinos.

El contexto de las relaciones desiguales se traduce en miedo, falta de comunicación entre la esposa y el marido, que causa una profunda distancia y hace que la mujer viva encerrada en su vida sin poder compartirla con su esposo, ni con nadie más, puesto que debe permanecer en el ámbito de lo privado, aislada de otras personas. Este comportamiento puede justificarse por la falta de confianza en el hombre o el miedo de su reacción, lo que denota un fuerte maltrato psicológico por parte del marido: «He tenido un miedo terrorífico ¡como una mujer cuerda pretende que una planta con una flor purpura dé a luz un ser humano! No me atrevo a llamar a mi marido como testigo para verlo y tranquilizarme sobre mi vista y juicio.» (Khreis 2000: 17).

Esta distancia entre los miembros de las parejas en el mundo árabe, como ya lo manifiesta Samihah Khreis en su novela, se debe a la obligación de la mujer a casarse con un hombre que no conoce, al que apenas ha visto antes, y del cual no sabe nada o bien poco. En el matrimonio concertado, no se tiene en cuenta la opinión de la mujer. La depresión de la protagonista, justificada por el maltrato psicológico y físico, deja huella en su cuerpo humillado, desatendido, cuya sexualidad es anulada: «Cuando la vida me conmueve y antes de convertirme en un trapo, me quedo bajo el agua y lo dejo rociarme. Empiezo a llorar con abundancia, diluyendo la salinidad de las lágrimas por la dulzura del agua, lavando mis dolores en su frialdad» (Khreis 2000: 15).

La escritora intenta esclarecer y poner en la palestra una preocupación de las mujeres de su sociedad, que es la represión sexual y la ausencia del amor en la relación de las parejas. El egoísmo del hombre que se preocupa en contentar sus necesidades sexuales, ignorando la necesidad de la mujer y, como consecuencia, el hastío y la inapetencia femenina. Esta depresión según los científicos es debida a muchos factores y el más importante – como en el caso de nuestra protagonista- es la falta de la protección o el apoyo emocional (Lanzillotti 2012: 25).

Qué sabes de una niña aterrorizada por la mirada de un lobo  y el silbido agudo de una serpiente en la oscuridad….un beso…sólo un beso…no señor…es una vergüenza. Vergüenza y el hombre viola su  boca y la come. Huye al baño y se encierra dentro, donde empieza a vomitar…Luego se lava bajo la ducha llorando…y a lo largo de la vida el sabor de los besos se pierde… ¿Qué amor devuelve a los labios su cereza y convierte el cuerpo aterrorizado en una granada agrietada por el amor? «(Khreis 2000: 15).

La anulación de la sexualidad femenina se convierte en sumisión a la del marido, distancia de las mujeres de su propio cuerpo o somatización de la violencia, como en el caso de la protagonista. Julius Fast afirma que el vocablo más frecuentemente mal interpretado en la terminología sexual es, sin duda, sumisión, que es sinónimo de agresión (Fast 1972: 150). Samihah Khreis escribe de un tema considerado tabú aún en la literatura, y en una sociedad conservadora como la sociedad jordana. La escritora insiste en exponer el problema de la agresión sexual y la violencia de género contra las mujeres en la sociedad árabe, para crear una conciencia en torno a este problema.

Samihah Khreis sigue con su rebeldía contra su sociedad, hablando de otro problema del mundo árabe, que es el matrimonio infantil. La protagonista llama a su marido «señor» en su noche de bodas, algo que denota su juventud, por un lado, y la diferencia de edad entre los dos. También expresa su repugnancia y asco hacia los encuentros sexuales con el marido, que sólo se ocupa de contentar sus instintos sexuales, sin preocuparse del daño que puede provocar a esta esposa-niña que no sabe nada de la vida sexual. La escritora habla de un problema que padece la sociedad jordana, es decir, la ausencia de la responsabilidad de la familia hacia sus hijas, que sólo se preocupan de educarlas para el matrimonio. Algo que se hace a través de muchos métodos, como afirma Milagros Palma:

La familia es la institución en la cual se lleva a cabo la domesticación de la mujer por medio de la violencia. No existe inclinación natural de la mujer para vivir en el confinamiento familiar. Todo esto es el resultado de una imposición bien calculada. La mujer es domesticada, por medio de la censura, la tortura física o moral. Este es el modo de producir a la mujer: un ser despersonalizado, su cuerpo convertido en objeto de uso sexual del hombre. Así es cómo se ha forjado a la mujer a través del imaginario, de los símbolos culturales cuando no es por la fuerza. La mujer debe obedecer a un modelo impuesto del cual resulta difícil escapar. La censura social la reintegra al orden, al papel que se le ha impuesto, a la imagen que se le exige (Palma 1996: 88).

Esta dominación del hombre sobre la mujer es adquirida, como confirma Ruth Cubillo Paniagua, por la fuerza bruta que da al hombre la superioridad en su relación con la mujer (Paniagua 2001: 27). Las mujeres salen desde la cárcel de la familia para pasar a la cárcel del marido sin tener tiempo para prepararse.

La protagonista de esta novela se rebela contra su vida real, a través de la escritura, luchando contra la sociedad conservadora que no permite a las mujeres ejercer sus propias actividades y tomar sus propias decisiones en la vida. Después de la desaparición de la ninfa, que representa su «yo» rebelde y valiente que la incita  rebelarse  contra el marido, se da cuenta de que ella misma puede ser la ninfa, porque es su creadora: «Yo la he creado, no me viene de fuera, yo la he hecho exactamente como la túnica de Nizar Qabbani, cosida a la piel de los cuerpos de las mujeres» (Khreis 2000: 35).

La protagonista también se burla del poeta sirio Nizar Qabbani, uno de los poetas árabes más famosos que en su poesía habla de las mujeres de forma misógina. «Sin ti, odio las piedras del apartamento; que me quieran lapidar. Sin ti, odio los ojos inocentes que me miran. Sin ti, odio este cuerpo que está dedicado a las tareas que no se terminan, aterrorizado por la idea del envejecimiento y de la muerte…sin ti, me muero» (Khreis 2000: 94).

La protagonista pone de manifiesto la censura masculina sobre la literatura femenina, llevando su predominio de lo privado a lo público:

Para…un punto de orden, por favor. ¿Conoces a Hasan Al-Shawabkeh?,  ¿Quién es? ¿Al-Shawabkeh…quién es?  Sería mejor que le conozcas bien,  (…) puede confiscarte. Prohibirte hablar, cortar una parte de tu vida o anularla, tienes que tenerle en cuenta antes de que digas nada. – No he dicho nada para enojar a Hasan Al-Shawabkeh u otras personas. No intentes rendirme en cada palabra  e interrumpir mi novela para vengarte de quienes te obligan a escribir lo que les  apetece (Khreis 2000: 39-40).

Samihah Khreis expresa su indiferencia de la crítica masculina en las palabras de la ninfa. Mercedes Arriaga subraya que es una característica compartida por la crítica literaria masculina en diferentes literaturas: «La actitud de los críticos hacia la escritura femenina ha sido desde el principio, y lo es todavía hoy, de desconfianza cuando no de hostilidad. La misoginia ínsita en nuestra cultura se manifiesta sobre todo a la hora de atribuir un valor a los productos culturales realizados por las mujeres» (Arriaga 2003: 25-26).

La protagonista se rebela contra la religión, tanto católica como musulmana, que en muchos de sus postulados protege al hombre y le da el derecho de dominar en la relación matrimonial. Utilizando términos como «crucificar» e «indulgencia» aplicándolos a la relación de pareja. En el Nuevo testamento y los padres de la Iglesia encontramos numerosas referencias a la sumisión de la mujer: «Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;» (La biblia, Efesios, 5:22), «Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo» (La Biblia, Corintios, 11:3). La protagonista se rebela contra el Islam también, utilizando términos como «lapidar», que es el castigo de la mujer adúltera. En el Corán encontramos también aleyas donde se habla de la sumisión de la mujer al hombre en el «capítulo de las mujeres» en la aleya 34: «Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres» (El Corán, Las mujeres: 34).

La novela que la protagonista quiere escribir se titula significativamente “He decidido escapar”, haciendo un paralelismo entre su vida y la cárcel. Una cárcel construida y dirigida por el hombre que le frena e impide vivir sus sueños y se convierte en su carcelero.

En otro lugar en la novela la protagonista ratifica: » Si hubiera una decisión de escapar. Debe haber una cárcel. Tengo que estudiar seriamente la estructura de las cárceles. Su forma, su estado, qué heridas dejan en el alma de la persona. Puede ser que lea Nagrat Al-Salman de SaadiYousef o TilkaAl’Ra´hah de Sonallah Ibrahim»(Khreis, 2000: 28-29).  La protagonista habla de dos novelas árabes que hablan de las cárceles, como Nagrat Al Salman, que es el nombre de la más antigua en Irak, situada en el desierto de Al-Salaman. Y Tilka Al-Ra´ihah (Aquel olor) que habla de otra cárcel en Egipto. La protagonista insiste en que el hombre es quien mejor puede describir las cárceles, insinuando que él es el constructor de las mismas.

La escritora se declara inconformista y se rebela contra la situación de las mujeres en la sociedad jordana. Rechazando la realidad de la mujer cuyo único cometido es el de ser ama de casa o esclava de su marido. Sus protagonistas femeninas no quieren seguir los pasos de sus antecesoras, sino seguir una vida diferente, donde no existan cadenas ni límites.

Soy una mujer, normal, así, como millones de mujeres, pasa la vida de mí alrededor con un ritmo aburrido, desde miles de años repito con una estupidez increíble los movimientos de mis abuelas. ¿Qué era yo antes y después de tu aparición? Una mera mujer que cuida sus hijos en la vida. (…) pero yo te necesito ahora, necesito tus aletas para poder navegar dentro de la tinta de mi pluma, necesito tu locura para despegar (Khreis 2000: 93).

Según la escritora, las mujeres en la sociedad jordana están atrapadas por las costumbres y tradiciones hasta la llegada de su muerte, obligadas a seguir el mismo camino, como sus abuelas sin quejarse o sin intentar desviarse de él. María Martín Turiño aclara: «Las costumbres siempre han sido unos de los factores más importantes que han impulsado el concepto de la dependencia, sumisión y docilidad para la mujer desde las costumbres mas ancestrales hasta las más modernas» (Martín Turiño 2006: 3).

 

  1. CONCLUSIÓN.

 

Podemos afirmar que Samihah Khreis es una escritora feminista, que a través de su literatura quiere romper el estereotipo social de la mujer en la sociedad jordana, concebida única y exclusivamente como ama de casa, sumisa y esclava de su marido. Khreis se rebela también contra las costumbres y la religión que han apoyado la sumisión femenina al hombre y su dependencia de éste. En su escritura intenta exponer algunos de los problemas que padecen las mujeres, como son el matrimonio infantil y la ausencia del amor. En la dualidad sumisión-rebeldía de la protagonista de la novela, la escritora pretende animar a las mujeres a librarse de las ataduras de la sociedad, pasando a la acción y haciendo cambios en sus vidas, yendo más allá de los sueños y la escritura, espacios cómplices donde la mujer se siente libre y se plantea una posibilidad de cambio o esperanza. Samihah Khreis rechaza la duplicidad y ambivalencia por la que las mujeres se rebelan solo en su interior y en sus sueños, pero sin embargo, no logran romper su opresión o sumisión en la realidad que las rodea.

REFESERENCIAS BIBLOIOGRAFICAS

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