Poetisas palestinas en el exilio

En ocasiones anteriores nuestra participación en algunos congresos de AUDEM se centró en las poetisas palestinas que residían y componían sus versos en Palestina, especialmente en Fadwa Tuqán, símbolo de la resistencia palestina (Thomas, 2003, 2004 y 2008). Pero muchas otras palestinas, críticas con la ocupación de su patria, se vieron obligadas a exiliarse, a vivir fuera de su tierra y a buscar refugio en otros países. Unas vivieron un tiempo en Palestina antes de marcharse-son las llamadas “de primera generación”-, y otras son hijas de exiliados palestinos –las llamadas “de segunda o tercera generación”-, cuyos poemas se han difundido ampliamente por los nuevos medios de comunicación, generalmente en otros idiomas. Pero, dondequiera que se establecieron, no olvidaron la desgracia de su patria. Por ello su obra refleja, además de los avatares de su país de residencia o del país de sus progenitores, sus sentimientos por la Palestina ocupada y los deseos de un futuro mejor para su pueblo.
Entre las poetisas de primera generación destaca Salma Jadra al-Yayyusi (n. 1918), investigadora, profesora y poetisa de origen palestino-libanés, afincada en EEUU tras viajar por diversos países como esposa de un diplomático jordano. Sus obras en prosa o verso reflejan la tragedia de Palestina, pero dejó de escribir poesía tras la Guerra de Junio de 1967, para dedicarse a la divulgación científica de la literatura árabe. En unos poemas evoca a los refugiados de su propia familia, desposeídos de lo suyo por la ocupación, como refleja al inicio de “Sin raíces”:

El timbre restalló alto y alarmante.
Luego, esa voz persistente y triste:
“Manda tu ayuda hacia Oriente,
que todos tus tíos se han convertido en refugiados”.
Lancé un hondo suspiro, muy angustiada por ellos.
Luego envié a mis tíos ropas
que había apilado para los mendigos,
pasas que había comprado y no comeríamos,
pegajosas piastras sin tintineo ni brillo,
lágrimas, lágrimas, lágrimas y un gemido.
Desde ese día no doy mis piastras a ningún mendigo,
porque se han convertido en refugiados mis primos (Boullata, 1982: 131).

En “Elegía a los mártires” muestra a un tiempo la tristeza por quienes dieron su vida por Palestina y el orgullo por su generosidad, pidiendo a su hermosa tierra que los recuerde; en “Tras la marea” se duele del desastre de Palestina; y en “El 5 de junio de 1968” explica cómo ella murió para la poesía tras el desastre de la guerra de 1967:

El pasado Junio rompió la última vena en mi corazón.
¿Has oído algo acerca de mi muerte?
¿Algo acerca de mi desconcertante funeral?
¡La farsa es que los muertos son anunciados
mientras sufren en la calle, sepultados!
¡Desearía que el ataúd pudiera desaparecer
como los sueños de juventud!
¿Has oído algo acerca de mi muerte?
¿De esa copa de víboras,
de esa muerte en amor con la muerte?
Sí, lo has oído:
tu enterrador me vio enterrada
cuando ellos le pusieron a mi lado (Jayyusi, 1992: 187).

Entre las obras de Sulafa Hiyyawi (n. 1936), palestina de Nablus exiliada en Iraq, donde se licencia, destaca Canciones palestinas, en cuyos versos se dirige al pueblo palestino y a la humanidad. En “A un fida’í” critica a los que no participan en la resistencia, sea dentro o fuera de Palestina, frente a su elogio al fedayín, con el que hasta la propia tierra se siente cómplice; en “El retorno” señala que, cuando se produzca el ansiado regreso a Palestina tras el largo exilio, hallarán la tierra cubierta de sangre, el precio pagado durante la lucha de resistencia; y el poema “El viejo y la tierra” es un diálogo con su tierra palestina de un anciano cuyos hijos luchan por la patria, y al morir en ella serán simiente de futuro:

En los caminos de nuestra aldea,
entre sus olivos tiernos,
le dice el viejo a la tierra:
“Te consagré diez muchachos queridos.
No suspires,
no llores,
los consagré a la Patria…”.
Caminan los diez seres queridos en la oscuridad,
los oculta la marcha de una nube,
palpita la tierra en su corazón prendado
para besar sus pasos,
amortigua la sombra sus impacientes suspiros.
En los caminos de nuestra aldea,
junto a al-Lidda y ar-Ramla,
allí regresaron nueve;
habían terminado su marcha.
“Pero, ¿y vuestro décimo hermano?”
pregunta el viejo, mientras la luna entristecida,
contemplando, permanece en vela.
“Allí lo sembramos, padre.
Allí lo sembramos” (Trad. de Ingrid Bejarano, en Hiyyawi, 1998: 43-44).

Entre las poetisas de segunda generación destaca la americana Farrah Sarafa (s. d), hija de madre palestina y padre iraquí, cuya poesía es una respuesta a la guerra y la ocupación. Poetisa, profesora, editora y traductora, está asentada en Maniatan. Aunque varios de sus poemas se centran en la guerra de Iraq, en “Padre iraquí, Madre palestina” se queja de esa guerra y de la ocupación de Palestina, que le impiden ver a su abuelo iraquí y a su abuela palestina; en “Olivo” su padre saborea el aceite de sus tostadas mientras sueña con el abuelo, con los niños de su país, con los olivos plantados por sus ancestros, con las antiguas canciones, que estarán bajo la radioactividad de las bombas; en “Higo palestino” evoca el sabor de ese manjar que endulzan las penalidades de sus gentes; al inicio del poema “Sólo habla el miedo”, referido al ataque contra Iraq, surge la alusión a los israelíes en Palestina:

Siento los gritos de su madre moverse dentro de mí,
mientras quita de la encimera de granito
los jarrones de flores y los potes de mármol.
Tiemblo. Firme la voluntad
y deseando quedarme, estoy hecha de cristal,
mientras ese pequeño está hecho de arcilla.
Los soldados americanos le han dado ese pote,
del que los israelíes pueden beber su leche de pasas
en la Palestina de mi madre.
(http://www.warpoetry.co.uk/poemsJLY_06.htm; trad. de C. Mª Thomas).

y en “Colonizando recetas” expresa que, por más que los israelíes que se apropien de las recetas de Palestina para sentir que pertenecen a algo hermoso, no podrán robarles sus señas de identidad:

“Nosotros inventamos esta comida”, dice él, cogiendo su hummus,
su tabuleh y su berenjena asada.
“Vosotros la ocupasteis”, replica ella.
“Okey, la robamos y entonces la mejoramos, ¿qué te parece? Salam ala lekum”.
“Podéis tomar la tierra, pero no nuestra identidad”,
canta ella suavemente, cogiendo el bolso para irse.
Y ahora un poema:
Invadiendo el cuerpo de los pensamientos de nuestro abuelo
con sus cañones hechos en América, contiene el aliento,
incapaz de librarse del azote de dolor que en él traspira
y que en sueños se convierte en lluvia de los ojos de los niños refugiados,
que tejen nuevas artimañas a cambio de dinero para comer,
para tratar de llenar su estómagos vacíos
con el grano que ellos plantaron en Cirjordania
y con el que moldearon recetas de pasta.
Las tías pasan días preparando para la familia
deliciosos bocados para comer,
ahora reemplazados por el hambre y las súplicas
para comer una vez más de las palmas de su madre tierra,
para untar sus secos corazones
una vez más con el aceite de oliva
de la fértil Palestina, arrancado de sus entrañas
como una alfombra árabe bordada.
Añoran abrazar los árboles que proporcionaban
aire a los pulmones que respiraban con amor
e imaginaban los ecos mediterráneos
del pasado y las modernas fragancias,
degustadas y deseadas por los extranjeros judíos
ansiosos de sentir que pertenecen
a un lugar hermoso.
Lo adoptan como suyo, cambiando nombres,
jugando a enredar, para apropiarse
de los delicados y aromáticos sabores
de generaciones de palestinos.
Pueblos ocupados, os morís de hambre o coméis
el alimento sembrado en el corazón de mi abuelo
donde el aire palpita puro y verdadero.
(http://www.warpoetry.co.uk/poemsJLY_06.htm; trad. de C. Mª Thomas).

Náhida Izzat (n. 1960), musulmana de Jerusalén exiliada a partir de la guerra de junio de 1967, es matemática de profesión y aficionada al arte y los trabajos manuales. Comenzó a escribir, animada por sus amistades, sobre sus sentimientos acerca de la patria; pero en su poema “¡Mírame!” se lamenta de no poder escribir o hacer lo que le gustaría por la violencia que invade su tierra:

¡Mírame!
Quisiera escribir poesía de amor,
pintar arcoiris y mariposas,
oler el aroma de rosas capullos de rosas
y bailar,
bailar con la melodía de jubilosos pájaros azules.
Me gustaría cerrar los ojos y ver a niños sonriendo,
no armas apuntando a sus cabezas,
contarles historias de hadas como lirios en lejanas tierras,
no balas gritando…ni misiles explotando.
Pero,
¿puedo?
Hay un puñal en mi corazón.
Estoy herida,
herida.
Sangro.
Tiemblo.
Grito.
(http://www.thepeoplesvoice.org/cgi-bin/blogs/voices.php/2008/01/26/p22834; trad. de C. Mª
Thomas).

En “Dimensiones ocultas” describe la vida del pueblo palestino como un tapiz que sólo se puede ver bien con perspectiva, mirando hacia atrás para recordar la masacre de Dayr Yasin, que tiñe sus alegrías de tristeza, y viendo la trayectoria de sus gentes, que tiñe de esperanza sus penas:

Mi primer hijo, Hasan,
nació el 9 de abril.
Puedes pensar
tal vez… por qué lo digo
con un tono tan sombrío.
¿Qué hay de malo en el 9 de abril?
Tienes que ser palestino
para comprenderlo,
pues el 9 de abril de 1948
tuvo lugar
la masacre de Dayr Yasin
donde los hombres, mujeres y niños
de esa aldea agrícola pacífica
fueron asesinados a sangre fría.
Nadie sobrevivió
salvo aquellos
que fingieron estar muertos.
Cuando celebramos con alegría
el nacimiento de un recién nacido
nos lamentamos y apenamos
por los amados perdidos.
En nuestro medio
nada está ya aislado,
nada está ya desunido,
no hay colores sencillos.
El tejido de nuestras vidas
forma el más asombroso tapiz.
Si lo coges por detrás
mirando el lado equivocado,
verás reflejada la imagen
sombría de un borroso retrato,
con pliegues… nudos e hilos raídos.
Si le das la vuelta,
parece más claro.
Pero aún no puedes ver
el retrato completo,
sólo colores y sombras.
Pero, ¡oye!… ¡tómate un ratito
y camina hacia atrás,
mucho más atrás!
¡Mira el tapiz
de lejos!
Entonces te asombrarás
de su inmensa belleza,
de todas esas lóbregas sombras
que no te hicieron sentir,
que ni siquiera te perturbaron
cuando estabas cerca.
Desde lejos
esas oscuras sombras
son precisamente las que hacen esta pieza
tan singular,
tan espectacular.
Esos matices insondables
son los que dan su profundidad
y dimensiones ocultas
al retrato de nuestra vida.
Desde ese día de 1948,
muchos… muchos niños nacieron
el 9 de abril.
Nuestras alegrías siempre están teñidas
por toques de pena.
Nuestra tristeza siempre está coloreada
por matices de esperanza.
Sin ello,
el tapiz de nuestras vidas
nunca estaría completo,
ni sería tan rico
ni tan hermoso.
¡No pierdas mucho tiempo
Mirando rabioso el lado equivocado!
¡Dale la vuelta… camina más atrás… y siente su esplendor!
(http://www.thepeoplesvoice.org/cgi-bin/blogs/voices.php/2008/01/26/p22834; trad. de C. Mª
Thomas).

En “Querido pueblo de Gaza” invita a quienes piensan angustiados en cómo ayudar a los palestinos a comportarse con la misma valentía que ellos:

¡Atesorado pueblo de Palestina,
maestro de coraje y dignidad,
arquetipo de humanidad!
¡Permíteme arrodillarme
y lavar tus pies con mis lágrimas,
besar tus benditas manos
y rociar tus hermosos rostros con almizcle y rosas!
Mientras nosotros nos sentamos meditando como locos,
totalmente desesperados,
hablando mucho y haciendo menos,
dando vueltas en círculo
pensando cómo ayudar,
qué ofrecer para aliviar en algo tu sufrimiento,
vienes, como de costumbre
lleno de sorpresas, en nuestro rescate, para suavizar nuestra agonía.
Te nos presentas con los más preciosos regalos,
lecciones de heroísmo, firmeza,
paciencia, perseverancia, desafío, resiliencia,
optimismo contra toda disputa,
creatividad frente al total olvido.
Habéis demostrado que vosotros sois los libres… y nosotros los cautivos.
Habéis elegido la resistencia frente a la sumisión.
Habéis decidido no ser esclavizados
ni siquiera por los más poderosos.
¿Nunca aprenderemos la lección?
(http://www.thepeoplesvoice.org/cgi-bin/blogs/voices.php/2008/01/26/p22834; trad. de C. Mª Thomas).

En “Creo en los milagros” confronta el aparente poder de Israel para oprimir a los palestinos con la verdadera fuerza, voluntad y fe de este pueblo:

Puedes quebrar mis huesos.
Mi espíritu libre es invencible.
Puedes dejarme ciego.
La luz de mi intuición
nunca podrás apagarla.
En las sombras de la tiniebla
yace el cadáver de tu poder.
Puedes destruir mi casa.
La ventana de mi esperanza
nunca podrás romperla.
Los pilares de mi fe
nunca podrás hacerlos temblar.
Puedes amenazarme
con armas de muerte
y destrucción masiva,
metiéndome el miedo en el corazón,
Pero no puedes lograr
o puedes cortar
mi divina conexión.
Con un misil
puedes destrozar mi cuerpo.
Sin embargo, mi alma
está fuera de tu alcance,
intacta para siempre.
¡Tú cantaste victoria en seis días!
Victoriosos son los que,
mirando con dignidad,
se enfrentan a los tanques con su carne fresca
y, sólo con piedras,
al fuego de los cazas F-16.
Nunca podrás derrotar mi voluntad,
porque mi poder, que no te puedes explicar,
crece de las raíces de mi pena.
Tú dependes de Estados Unidos
para los suministros y la riqueza.
Manda mi infinita fuerza
del más grande, mi Creador.
(http://www.thepeoplesvoice.org/cgi-bin/blogs/voices.php/2008/01/26/p22834; trad. de C. Mª
Thomas).

Uno de sus poemas más conmovedores es “Quiero contarle al mundo”, que aparece en la red acompañado de imágenes de niños, jóvenes y adultos palestinos en diversas escenas en las que se muestra aquello que no fue posible hacer o que se destruyó en Palestina; y al final la poetisa invita al mundo a encender velas para que se desvanezca tanta oscuridad:

Quiero contarle al mundo un cuento
… sobre un hogar con una linterna rota…
…y una muñeca quemada…
…sobre un día de campo que nadie disfrutó…
…sobre un hacha que mató un tulipán…
…sobre un fuego que consumió una trenza…
…un cuento sobre una lágrima que ya no pudo derramarse…
Quiero contar un cuento sobre una cabra que ya no fue ordeñada…
…sobre una masa que ya no fue horneada…
…sobre una boda que no se celebró…
…y una pequeña que no pudo crecer…
sobre un balón que no fue pateado…
…sobre una paloma que no voló…
Quiero contarte un cuento sobre una llave que no fue usada…
…sobre un aula de clases a la que no se acudió…
…sobre un patio de recreo que fue silenciado…
…sobre un libro que no fue leído…
…sobre una solitaria granja sitiada y sobre sus frutos que nadie recogió…
…sobre una mentira que no se descubrió…
…un cuento sobre una iglesia en la que ya no se reza…
…y una mezquita que ya no está en pie…
…y una cultura de la que ya no se disfruta…
Quiero contar un cuento sobre un techo con hierba y lodo…
…sobre una piedra que se enfrentó a un tanque…
…y sobre una empecinada bandera que se niega a ser arriada…
…sobre un espíritu que no puede ser derrotado…
…quiero contarle al mundo un cuento.
Ahora, encendamos una velita por Palestina.
Puedes hacerlo
Enciende una velita
Mira cómo se desvanece la oscuridad.
Sólo inténtalo.
Un rayo de luz
barre lo más triste,
noches de azabache
hasta que rompe el alba
Sólo observa
¿Puedes ver que
todo el poder de la oscuridad
en el mundo
no puede extinguir
el más exánime parpadeo
de un haz de luz?
Enciende una vela.
Una velita.
Mira cómo se desvanece la oscuridad.
Puedes hacerlo.
Oye, MUNDO
¿Me escuchaste?
(www.tlaxcala.es/asp?reference=9556&lg=es; trad. de Yaotl Áltan).

Ante esta situación no puedes menos que gritar: “Humanidad, ¿dónde estás?”, reprochando al mundo su ceguera y sordera mientras su pueblo muere en Gaza:

Me están estrangulando
bajo tus vigilantes ojos.
Tengo frío…frío…frío.
Tiemblo.
Grito.
Humanidad, ¿dónde estás?
¿Por qué vuelves el rostro?
¿Por qué miras para otro lado?
Estoy aquí,
languideciendo
en los pasadizos de Gaza.
Humanidad, ¿dónde estás?
¡Mírame”
¡Repara en mí!
Estoy aquí,
suspirando
en los pasadizos de Gaza.
Tiemblo.
Grito.
¡Humanidad,
deja de mirar para otro lado,
de volverte sorda,
de volverte ciega,
mientras yo
y, oh, mis pobres niños
morimos!
(http://www.thepeoplesvoice.org/cgi-bin/blogs/voices.php/2008/01/26/p22834; trad. de C. Mª
Thomas.

Suheir Haddad (n. 1973), escritora, activista y actriz de origen jordano-palestino instalada en el Brookling neoyorquino y luego en Staten Island, rechaza en su poemas cualquier violencia, como hace en “Lo que yo quiero”, poema a favor de la vida y contra la guerra; en otra ocasión, horrorizada por los ataques a la Torres Gemelas en 2001, escribió el largo “Poema sobre crisis y terror” reviviendo todos los acontecimientos de esta tragedia y haciendo diversas referencias a su identidad palestina, sin hallar diferencias entre distintos pueblos, razas o religiones que puedan justificar esa masacre, así como a su temor a las posibles represalias contra los árabes o palestinos tras las reacciones que se produjeron entre algunos americanos. Y en otros denuncia todas las lacras y violencias, en especial las de Palestina, como dice al final de “Ruptura en racimo”:

¿Adónde van los corazones de los refugiados?
Rotos, insultados, colocados en un lugar de donde no son,
no quieren que no se les vea.
Enfrentados a la ausencia,
lloramos al otro o no significamos nada.
Mi espina se curva en espiral.
El precipicio corre hacia y desde los seres humanos.
Dejamos atrás bombas de racimo.
Minas de facto.
Dolor en llamas.
Cosecha de tabaco contaminado.
Cosecha de bombas.
Cosecha de dientes de leche.
Cosecha de palmas, humo.
Cosecha de testigos, humo.
Resoluciones, humo.
Salvación, humo.
Redención, humo.
Respira.
No temas
a lo que ha estallado.
Si has de hacerlo,
teme a lo que aún no ha explotado.
(http://www.ted.com/speakers/suheir_hammad.html; trad. de Laura Casielles).

Por último hay que destacar a Rafeef Ziadah (s.d.), poetisa, periodista, profesora y activista palestina refugiada en Canadá, y una de las más difundidas por los medios. Uno de sus poemas más conocido es “Tonalidades de la ira”, escrito durante los bombardeos sobre Gaza (diciembre 2008-enero 2009) por el ejército de Israel, mientras los niños morían bajo las bombas de fósforo lanzadas por los aviones de los israelíes, aliados de Occidente y ocupantes de Palestina, que aplican a los palestinos con mano de hierro un régimen de apartheid que deja pequeño al que sufrieron los sudafricanos hasta 1994:

Escribí este poema cuando estábamos haciendo
una acción directa en mi Universidad. (…)
Estaba sentada en el suelo, cuando ese mamarracho
vino y me dio una patada en la tripa diciendo:
“Merecerías que te violasen antes de tener hijos terroristas”.
Entonces no dije nada, sino que escribí este poema
para ese señorito”:
¡Permíteme que hable en mi legua árabe
antes de que también ocupen mi lengua!
¡Permíteme que hable en mi legua materna
antes de que también colonicen su memoria!
Soy una mujer árabe de color,
y venimos de todas las tonalidades de la ira.
Todo lo que mi abuelo quería era
despertarse al alba y ver a mi abuela rezar de rodillas,
en una aldea escondida entra Yaffa y Haifa.
Mi madre nació bajo un olivo,
en una tierra que, como dicen, ya no es mía.
Pero yo atravesaré sus barreras, sus puestos de control,
sus malditos muros de apartheid, y retornaré a mi patria.
Soy una mujer árabe de color, y venimos de todas las tonalidades de la ira.
Tú has oído ayer gritar a mi hermana
al dar a luz en uno de sus puestos de control,
con soldados israelíes buscando entre sus piernas
a su próxima amenaza demográfica,
su hijita llamada Yanín
Tú has oído gritar a Amni Mona
tras los barrotes de su prisión mientras gaseaban su celda:
“Estamos volviendo a Palestina!”.
Soy una mujer árabe de color, y venimos de todas las tonalidades de la ira.
Pero tu me dices que este útero que hay en mi interior
sólo te traerá tu próximo terrorista,
usando barba y blandiendo una pistola, con turbante, y negro como la arena.
Tú me dices que mando a mis hijos a morir,
Pero son vuestros helicópteros y F-16 los que están en nuestro cielo.
¡Vamos a hablar sobre el asunto del terrorismo un segundo!
¿No fue la CIA la que mató a Allende y Lumumba
y quien primero adiestró a Osama?
No fueron mis abuelos quienes corrían como payasos,
con capas y capuchas blancas en la cabeza, linchando a los negros.
Soy una mujer árabe de color, y venimos de todas las tonalidades de la ira.
“¿Quién es esa mujer morena gritando en la manifestación?”.
¡Perdón! ¿Es que yo no debería gritar?
He olvidado ser tu siempre orientalista sueño, genio en una botella,
bailarina del vientre, joven de harén, mujer árabe de voz suave
que dice: Sí, señor, no señor.
¡Gracias por los sándwiches de manteca de cacahuete
que deja caer sobre nosotros tu dueño de los F-16!
Sí, mis libertadores están aquí para matar a mis hijos,
y llamarles “daños colaterales”.
Soy una mujer árabe de color, y venimos de todas las tonalidades de la ira.
¡Así que déjame decirte que este útero que hay en mi interior
sólo os traerá un próximo rebelde.
Tendrá una piedra en una mano y una bandera palestina en la otra.
Soy una mujer árabe de color.
¡Cuidado¡¡Cuidado con mi ira…!
(http://www.universalsubtitles.org/es/videos/W20kz7C8G9dU/en/231466/; trad. de C. Mª
Thomas).

Pero quizás su poema más famoso sea “Nosotros enseñamos vida, señor”, también escrito durante el bombardeo de Gaza en respuesta a un periodista que le preguntó: “¿No crees que todo estaría bien si simplemente dejarais de enseñar a vuestros hijos a no odiar?”:

Hoy, mi cuerpo fue una masacre televisada.
Hoy, mi cuerpo fue una masacre televisada
que tenía que caber en audio digital y en palabras limitadas.
Hoy, mi cuerpo fue masacre televisada que tenía que caber
en un audio digital y palabras limitadas, con suficientes estadísticas
como para contrarrestar una respuesta mesurada.
Yo había perfeccionado mi inglés y aprendido las resoluciones de la ONU.
Pero, aun así, me preguntó:
“Señorita Ziadah, ¿no cree que todo se resolvería si dejaran
de enseñar tanto odio a sus hijos?”

Pausa.
Miro en mi interior.
Busco fortaleza para tener paciencia,
pero no tengo paciencia en la punta de la lengua
mientras caen bombas sobre Gaza.
La paciencia me ha abandonado.
Pausa.
Sonrisa.
“Nosotros enseñamos vida, señor”.
(Rafeef, acuérdate de sonreír).
Pausa.
“Nosotros enseñamos vida, señor”.
Nosotros los palestinos
enseñamos vida después de que ellos
hayan ocupado los últimos cielos.
Nosotros enseñamos vida después de que ellos
hayan construido sus asentamientos y muros de apartheid
más allá
de los últimos cielos.
Nosotros enseñamos vida, señor.
Pero hoy, mi cuerpo fue una masacre televisada
para caber en un audio digital y palabras limitadas.
Danos sólo un reportaje, un reportaje con lado humano.
Verás, esto no es político.
Sólo queremos hablarle a la gente
de ti y de tu pueblo,
así que danos un reportaje humano.
No menciones las palabras
“apartheid”
y “ocupación”.
Esto no es político.
Me tienes que ayudar
como reportera
a ayudarte a contar tu historia,
que no es un reportaje político.
Hoy, mi cuerpo fue una masacre televisada.
¿Y qué tal si me das un reportaje
sobre una mujer en Gaza que necesita medicinas?
¿Qué tal acerca de ti?
¿Tienes suficientes huesos rotos en las extremidades
como para cubrir el sol?
Pásame tus muertos y dame una lista
de sus nombres
en un total de mil doscientas palabras.

Hoy, mi cuerpo fue una masacre televisada
que tenía que caber en un audio digital y palabras limitadas
y conmover a quienes
son insensibles a la sangre
terrorista.
Pero ellos sintieron pena.
Sintieron pena por el ganado en Gaza.
Así que les di
resoluciones de la ONU
y estadísticas
y condenamos
y deploramos
y rechazamos.
Y no son iguales
ocupadores y ocupados.
Y cien muertos, doscientos muertos, y mil muertos.
Y entre eso,
entre crimen de guerra y masacre,
ventilé las palabras y sonreí,
-no exótica-
-no terrorista-
Y cuento:
Cuento cien muertos, doscientos muertos, mil muertos.
¿Hay alguien ahí?
¿Escuchará alguien?
Quisiera poder llorar sobre sus cadáveres.
Quisiera simplemente
correr descalza
por cada campo de refugiados
y abrazar a cada niño;
cubrir sus oídos
para que no escuchen el sonido
de las bombas
por el resto de sus vidas,
como yo lo escucho…
Hoy, mi cuerpo fue una masacre televisada.
Y déjame decirte:
No hay nada que tus resoluciones de la ONU
hayan hecho en absoluto sobre esto.
Y no hay un audio digital,
-ningún audio digital que se me ocurra,
y no importa cuán bueno sea mi inglés-
no hay audio digital
no hay audio digital
no hay audio digital
no hay audio digital
que los devuelva a la vida.
No hay audio digital que arregle esto.
Nosotros enseñamos vida, señor.
Nosotros enseñamos vida, señor.
Nosotros
los palestinos
nos levantamos
cada mañana
para enseñar
al resto del mundo
vida,
señor.
(http://apologadelaluz-jorgeespina.blogspot.com.es/2012/01/rafeef-ziadah-nosotros-ensenamos-vida.html. Trad. de Patricia Bobillo Rodríguez).

Referencias bibliográficas.
Boullata, Issa J., 1982 (1976): Modern Arab Poets. Heinemann. Londres.
Hiyyawi, Sulafa, 1998: Una voz palestina. Introducción, traducción y selección de Ingrid Bejarano. Letrúmero. Madrid.
Jayyusi, Salma Khadra, 1992: Anthology of Modern Palestinian Literature. Edición y traducción. Columbia University Press. Nueva York.
Thomas de Antonio, Clara M0, 2003: “Voces de mujer en Palestina”. Arriaga Flórez, Mercedes (Ed.): Entretejiendo saberes. Actas del V Seminario de la Asociación Universitaria de Estudios de Mujeres (AUDEM). (Sevilla, 17 a 19 de octubre de 2002). [CD] Vicerrectorado de Calidad y Nuevas Tecnologías. Universidad de Sevilla. Sevilla.
Thomas de Antonio, Clara M0, 2004: “Fadwa Tuqán, del harén a la arena palestina”. Arriaga Flórez, Mercedes y otros (Ed.): Los estudios de las mujeres hacia el espacio común europeo. ArCiBel Editores. Sevilla, 2004, 296-319.
Thomas de Antonio, Clara M0, 2008: “En memoria de la poetisa Fadwa Tuqán, símbolo de la resistencia palestina”. Arriaga Flórez, Mercedes y otros (Ed.). De lo sagrado y lo profano. Mujeres tras/ entre/sin fronteras. ArCiBel Editores. Sevilla, pp. 517-542.