Mano blanca y otros poemas

Textos del libro
MANOBLANCA Y OTROS POEMAS
De Ciudad que palpita
El Lirio y el Espanto

I
Hay un olor a estiércol y amapola en el ambiente.
Los maniquíes vestidos de novia
se frotan contra los escaparates
Como si algo buscaran los obreros
continúan levantando la costra de las calles
Alguien dijo que este día sería
Frágil como la muerte
Por la ventana pasan sólo las sombras
de pájaros que nunca imaginaremos.

II
Enrojecen los semáforos.
Un niño pasa corriendo
con un remolino entre las manos
Hay máscaras colgando del tendido eléctrico
Yo he visto humedecerse los ojos de la calle
En el hospital hay sábanas azules
flameando hacia la muerte
Una cama vacía
se despierta reclamando cuerpos.

III
Se empañan por dentro las vitrinas.
Un esqueleto pasa conduciendo un automóvil
Nos queda apenas
el grito de un lirio cortado en el bolsillo
El camión de la basura recolecta territorios
triciclos oxidados dentaduras postizas
Alguien me quiebra brazos y piernas
Enrojecen los semáforos.

IV
Un vago permanece incrustado en la vereda
barajando entre sus dedos los rostros que pasan
Yo lo mantengo enhebrado a mi retina
como un pez silencioso y terrestre
Estoy viendo humedecerse los ojos de la calle
mientras las palas mecánicas se acercan
Hay un olor a estiércol y amapola en el ambiente.
Paisaje con Mujer en Medio
La lluvia deposita
sus puntos suspensivos sobre el cemento.
A manos de parejas y delincuentes habituales
empiezan a florecer los paraguas.
La sombra de un árbol en la otra orilla
cruza el río temblorosa
hasta rozarme los zapatos.
El cráneo de la luna nos observa incrédulo.

Las campanas de la tarde
marcan los últimos latidos de la anciana ebria
que se deja diluir lentamente bajo el puente.

Los niños envejecen de golpe.
La Llave
Para poder llorar los hijos
toman prestado el rostro de la abuela muerta.
Dios sigue siendo una piedra que se llena
de musgo en el jardín de al lado.

Con la memoria en llamas
en medio de una lucidez terrible
tiemblo me empapo
sigo encontrando trozos de espejo en las veredas.
Alguien dijo que este día sería
frágil como la muerte.
Un candado habita en la puerta de la iglesia.

Con un beso ciego atravieso el silencio
y me hundo en la pupila de esta noche inabarcable.

Como un Trapecista Sobre un Trazo de Luz
La ciudad te escribe preguntas en las esquinas.
Se abre la noche y florecen signos
de interrogación en los semáforos.
Deambulas por la calle
buscando una boca precisa que te nombre
depositando pasos en la línea blanca
como un trapecista sobre un trazo de luz.
Atraviesas la noche
recuerdas que el poema alguna vez fue un puente
tendido entre tu abismo
y el abismo de otros
el viento lamía los cuerpos
y te esperaba luego entre las sábanas de la página.
Ahora
extraviada la pértiga
avanzas con cautela sobre la línea blanca.

Los pasos que describes son puntos suspensivos
a punto de caer rodando hacia el silencio.

De Fragmentos de Invierno

V
Estoy incendiando mi cabellera
salgo a correr desnuda bajo la lluvia
y voy abriendo los cercos podridos por el otoño.
Sobre mi cabeza se estrellan
panales de agua
un relámpago triza el pizarrón del cielo
los perros insultan al viento
y el viento huye
a esconderse en las alcantarillas.
Debiera yo pedirte
perdón por este invierno.
Mi boca se llena de pájaros ciegos.

Soy un pañuelo dormido bajo la lluvia.

No sé dónde iré a encallar
cuando la noche quede en ruinas.

Hallazgo
La ciudad se concentra
en la esquina donde te encuentro
La ciudad que palpita
y ya no vuelve a ser la misma
bajo tus zapatos.
Porque todos los años que he vivido
me condujeron a ti
me visto de fiesta
es decir me desvisto
y el sol como una manzana roja
cae sobre un horizonte hambriento.

( La madrugada nos sorprende
envenenados
con un gajo de cielo entre los dientes )
De En las Copas de Onyris
Vértigo
Habita la Muerte
entre los dedos del fuego
bailarina cálida
crepitando su canción de cuna.
En el ojo vertical de una llama
instala ella su pupila
azul y nos concede una tregua.

Por eso nos quedamos
inmóviles ante el fuego.

Como un embrión que abre
los ojos en el vientre
como un gato desconcertado
ante el espejo
un sol cegado por sí mismo
a mediodía
un niño ebrio
que contempla a sus abuelos
apareándose en un acuario.

El Espejo
Quitarse la cáscara del día
las luces de colores
las ropas que a veces duelen
despojarse de la risa
Abrir la carne y encontrar
el cuesco de la tristeza
cuya constatación nos vuelve reales.
Entrar en el cuadrante del espejo
hundirse en ese otro cielo
desarraigado de preguntas
levantar la mirada y encontrar
el ojo vertical que nos observa
atravesando la frente.
Y atravesar la frente.
Separarnos en gajos
abrir los ángulos gastados de la memoria
trazar la cruda desnudez la necesaria
cobijar el pez verde que nos navega.
Desarmarnos Desglosarnos
volver a lo que fuimos antes de
tener un nombre
y de tanto desbordarnos
en el agua crucial del espejo
reconstruirnos sin aditamentos
con la honestidad de una gota de lluvia
en la ventana del silencio.

Textos del libro
MIGRACIONES
In Situ
De regreso a la casa de las flores de plástico
y cristos colgando de la pared
El polvo duerme el sueño de los justos
y me someten a interrogatorio los muebles.
Ni una sola huella de mí.
Ya no ejerzo la boca ni cuerpo tengo
Aquí Yo Ahora
estirándome como lombriz en la vereda
lanzando mis caracolas al vacío
Aquí Yo Ahora
desnuda de ti
suspendida en el acto de desamar
Aquí Yo Ahora
escupiendo palabras rojas en el lavamanos
que se escurren sin vuelta atrás.

In Actio
Escapo hacia el borde de la cama
a punto quedo de salirme de la página
colgando de la cornisa
como nieve herida por el sol.
Sueño que mi cuerpo es mordido por cantaurias
llego al pie de un árbol poblado de peces
que nadan en el aire lento del verano
mordisqueando frutas y pezones.
Entre sábanas interminables
masturbo este cuerpo salvajemente
y luego el lento proceso de tu
c a r e n c i a
la ceniza espeluznante de la ira
y un par de fósforos que se curvan crepitando
con las cabezas adheridas y en llamas.

Lluevo
Se me trizan las palabras contra las
paredes del cráneo
lluevo
esmeraldas y amatistas trituro entre
los dientes
lluevo
me crepita un archipiélago de tripas
lluevo
abro los poros uno a uno
al contacto del silencio
lluevo
zapateo sobre los tejados
vestida de mortaja y viento
lluevo
me incendio gota a gota
sílaba a sílaba
lágrima a beso.
Lluevo
L l u e v o
L l u e v o
Y la sordera del tiempo…

Corolario
Hay que volver a la caligrafía
Regresar al curso del papel
Prescindir del filtro y el teclado
Limpiar la voz de las retóricas
Y la piel de los vestuarios
El ojo del lente
Liberar al hombre de sus nombres
Desmenuzar los restos aún tibios del sol
Hasta encontrar la primera gota
De la noche que olvidamos.